El avión, Morelos y Pavón y la ONU…

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Por lo pronto.

Por Rodin

En su declaración a los medios de comunicación del día 20 de septiembre del año pasado, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador dijo: “No me voy a subir al avión presidencial, me daría pena, se me caería la cara de vergüenza, subirme a un avión lujoso en un país con tanta pobreza”, y  aprovechó para reiterar la política de austeridad que tendrá su gobierno e insistió en que no cambiará su decisión de viajar en vuelos comerciales.
El hoy presidente se refería a la aeronave de la Fuerza Aérea, denominada José María Morelos y Pavón, un Boeing Dreamliner 787 que fue estrenada el 2016 por el ex mandatario Enrique Peña Nieto, cuya capacidad es de 242 pasajeros y tiene un costo de 7 mil 500 millones de pesos.
Tiempo después, Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que parte de los recursos que se obtengan de la venta del avión presidencial se destinarán para dotar de agua potable a algunas zonas de Zacualtipán, Hidalgo.
Y hace unos días, en su conferencia de prensa matutina, el presidente aclaró que se trata de un proceso legal de venta en el que se sigue una serie de protocolos, bajo la guía de la Organización de las Naciones Unidas.
Por lo pronto, estimado amiga y amigo lector, la nave Morelos y Pavón, permanece en un hangar próxima a cumplir un año en resguardo en Estados Unidos, bajo opacidad  de la cual no sabemos cuánto cuesta la preservación, el  mantenimiento, ni de qué tamaño son los ahorros que afectaron su infuncionabilidad.
El INAI tiene la palabra para saber si no sale más caro el caldo que la sopa.

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