Adiós Topo Chico…

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Por lo pronto

Por Rodin

Este 30 de septiembre el centro preventivo y de reinserción social, Topo Chico, cerrará su operación tras 76 años; la causa: no cumplir con los estándares nacionales del sistema penitenciario, por lo que su operación desde hace años venia en caída libre.

El Gobernador, Jaime Rodríguez Calderón, afirmó en días pasados: “Este penal tiene una sobrepoblación casi del 100 por ciento, es el penal más viejo que tenemos en el estado y tenemos una serie de reos federales, locales, desde el fuero común, entonces es un penal que tiene ya más de 60 años de existencia y obviamente lo tenemos saturado”.

El Topo, es una prisión estatal inaugurada el 3 de octubre de 1943, por el Gobernador General Bonifacio Salinas Leal. Desde las primeras casas consistoriales existentes en Monterrey existió edificio para cárcel, o mejor dicho, lugar para la cárcel. Pero, sin duda, a partir del siglo XVIII las cárceles emergieron como institución de reclusión para encerrar a los sujetos que a su juicio representan un peligro para la sociedad.

Eduardo Cázales Puente, comenta  en su artículo respecto a historia de la cárcel en Monterrey en busca de la regeneración, – que existe evidencia de que la sociedad regiomontana fue una de las primeras en instrumentar los dispositivos de reclusión que requería una sociedad progresista donde no había lugar para vagos, sin oficio ni beneficio. Sabemos de la existencia de los famosos serenos y guarda faroles existentes en Monterrey desde el siglo XVIII. También durante la guerra de independencia se expidió en Monterrey un bando de policía y buen gobierno, para regular la organización de una policía regiomontana y combatir el bandolerismo.

Hacia 1835 se dividió la ciudad en 38 cuarteles y se encargó a los cuarteleros hacer la ronda ordinaria a las diez de la noche, armada y con ayuda de algunos burros como ha sido costumbre. Por esta época existían en la ciudad un total de 12 serenos que tenían a su cargo los faroles que iluminaban la ciudad de Monterrey, estos individuos vigilaban las calles de la ciudad durante la noche y se encargaban de aprehender a los malhechores o vagos que rondaran por ellas después de las diez de la noche.

El Mtro. Cazares Puente, relata que ante la insuficiencia de estas instancias, fue preciso el funcionamiento de un sistema penitenciario y Monterrey fue una de las primeras ciudades del país que contó con una penitenciaría moderna, que empezó a construirse bajo el Mandato del Gral. Bernardo Reyes Ogazon, hacia el año de 1887, quedando terminada 8 años después en 1895. Esta primera penitenciaría estaba situada junto a la Alameda, y contaba con todos los adelantos para garantizar la regeneración de los delincuentes.

Por lo pronto estimado amiga y amigo lector, el reclusorio del Topo Chico, será desalojado, sus reos trasladados a otros penales, y en el actual sitio se construirá – por parte de gobierno del estado – un parque, un archivo histórico y un museo.

De esta manera, Topo Chico seguirá los pasos de la cárcel de Lecumberri, una prisión de negra historia que funcionó la mayor parte del siglo XX en Ciudad de México y desde 1977 paso a formar parte del  Archivo General de la Nación.

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